Este es el lema de la Congregación. Ante todo la caridad y en todo la caridad. El amor a todos, al cercano de cada día. Y “que nuestra caridad se extienda no solo a las personas que nos rodean, debe extenderse a todos los hombres, atravesar los mares, de manera que las personas tengan un sitio en nuestro corazón y participe de las oraciones y de las buenas obras que hacemos”.

Cada niño, cada joven, es único. Es el que ha de ser el objetivo de nuestra atención. Como Emilia hay que trabajar por ellos y para ellos, para cada uno de ellos como ser único. “Darse cuenta”, nos lleva de la mano de Santa Emilia, a dar a cada alumna/o lo que necesita en ese momento concreto. Cada alumna/o es diferente, con su propio bagaje personal en experiencias, en el proceso de desarrollo. Santa Emilia, ella misma nos recuerda: “Me esforzaba en que creyesen que las amaba a todas por igual, y por eso no dejaba pasar ningún día sin dar a cada una, una señal de afecto, una mirada, una sonrisa graciosa, una palabra tierna. Trataba de que cada una pudiera decir: “mi maestra ha pensado hoy en mí”.

El binomio cercanía-respeto es una de las facetas de nuestra identidad, tanto entre los profesores como entre los alumnos. Es un equilibrio difícil y hemos de saber gestionarlo de tal manera que seamos educadores que aman y respetan y a los que se quiere y se respeta. Mantener un estilo, una finura, una educación, unas maneras que nos hagan respetables. Recordar que todo educa. Establecer esa corriente de dar y recibir amor. Es un camino de retroalimentación. Los niños han de darse cuenta de que se los quiere. “Ven a una niña que llora,  consuélenla lo mejor que puedan…no dejen llorar a esas niñas”.

La línea de ternura y cercanía, llama mucho la atención en santa Emilia, “insiste en que sentir y querer es existir”. Si Descartes dice: “Pienso luego existo”. Ella podría decir: “quiero, amo, luego existo”. Esto es algo genial. La introducción en la línea de los afectos como línea educativa importante es algo que nunca dejará de ser encomiado. Los afectos son dinamizadores, motivadores, potenciadores. Un educador tiene que aprender a ser misericordioso.

Hay una paciencia profesional, es el espacio de reacción….el profesor no se enreda emocionalmente en la respuesta del alumno. El profesor no tiene éxito o fracaso porque el alumno reaccione antes o más tarde.

Hay una paciencia metodológica: o atendemos a los procesos o nunca haremos nada. Atender a los procesos es ser capaces de establecer etapas, de parcializar objetivos. Si tu objetivo es que un alumno llegue hasta cien, tu paciencia consistirá en ir segmentando ese espacio cien en tramos de uno.

Tenemos otro aspecto de la paciencia, que enlaza con la mansedumbre y la dulzura. Estaríamos en la línea de los sentimientos, en la misma línea de los afectos.

Es el dominio de uno mismo ante la irascibilidad del otro, ante la lentitud exagerada del otro, ante la violencia y mala educación del otro.

Es esta paciencia la que M. Emilia pone de relieve continuamente.

El afecto, la ternura, la mansedumbre serán sus armas en la tarea educadora. Los niños se mueven más por el amor que por la autoridad, más por el ejemplo que por el mandato.

Cuando en la educación personalizada se plantea el tema de este método de relación que concreta la empatía, que es la exigencia cordial, dice algo muy importante: “Si un educador no es cordial, no educa, sino que provoca rebeldías y dependencias. Si yo lo que consigo de mis alumnos es por una exigencia, mis alumnos no son dueños, sino dependientes; no son dueños de sus propias decisiones, actúan así porque yo les exijo que actúen así. Si no tenemos exigencia educamos para la mediocridad, no hay desarrollo. Si no hay cordialidad, tampoco hay desarrollo. “cuando querían algo de mí, en vez de mandármelo, me lo insinuaban, me lo hacían desear: No me acuerdo de haber sido nunca castigada; sin embargo, no me dejaban pasar nada; un aviso o una simple mirada me hacían reconocer mis faltas” (santa Emilia).

La exigencia cordial comporta esa línea pedagógica básica que concreta la empatía. En Emilia de Rodat aparece con muchísima fuerza, acentuando los afectos. En todos los discursos pedagógicos actuales, se insiste en la necesidad de los afectos en educación.

El proyecto educativo de sta Emilia de Rodat, tiene hoy -casi 200 años después- un sentido pleno. La educación es un reto, un desafío. Una visión del niño, adolescente, joven que camina buscando lo mejor de sí mismo y lo mejor de la realidad que le rodea. Esta es nuestra tarea, nuestra misión a la que debemos hacer frente al estilo de Sta Emilia de Rodat. “La educación es tan elevada que nunca reflexionaremos bastante sobre la excelencia de esta vocación…llamados a enseñar el camino de la salvación a cuantos tenemos en nuestras manos”.