El proyecto de Santa Emilia no fue grandioso sino que responde a una necesidad que percibe. Se encuentra inmersa en el universo de los pobres, de los cuales siente el abandono, la miseria y la angustia.

Santa Emilia supo sacar de su experiencia “lo nuevo y lo antiguo” y formar su propia espiritualidad y pedagogía. F
ue una mujer apasionada por Dios y dedicada al servicio de los pobres: estos eran sus dos objetivos. Para desarrollarlos pone en marcha una serie de actitudes, vivencias, relaciones y actividades creadoras que podemos percibir a lo largo de su vida. 1815- 1852, estas dos fechas delimitan una larga carrera educativa, que es de gran riqueza y creatividad.

Hoy, los educadores de la Sagrada Familia tenemos que conocer, profundizar y conservar el fuego de esa antorcha, teniendo a santa Emilia como referencia. En su testamento espiritual nos deja su herencia; no quiere que en el paso del tiempo se desvirtúe la finalidad de su Congregación.

Se resume en estos puntos:

Educar en la fe cristiana es una de “las cláusulas testamentarias” de Madre Emilia. Son los valores evangélicos que queremos transmitir como plenitud de los valores profundamente humanos. Y transmitirlos con gozo y conocimiento profundo de nuestra fe. Como Centro católico que es el nuestro, el ambiente, el entorno y el referente lo formamos todos. A los niños, adolescentes y jóvenes se les ofrecen modelos referenciales en lo que se les dice o enseña.

No es fácil esta tarea en nuestro tiempo, en nuestra cultura… Tampoco para EMILIA lo fue.

Tiempos de profundos cambios sociales que incidían, sin lugar a dudas,  sobre las mentes y los corazones. Nos dice Santa Emilia: “Que las dificultades que encontréis en la educación, no os desanimen para seguir con constancia, en este camino… dichosos de trabajar en la viña del Señor, sembrando el amor a Dios en los corazones de las niñas”.

Es necesario caer en la cuenta de este aspecto. Educar a la persona desde lo que es único e irrepetible, y que tiene frente a ella un futuro que ha de saber descubrir y para lo cual educamos en la libertad y en la responsabilidad; en la autoestima y en el respeto al otro.

“Solo pensé en los pobres al fundar la Congregación”. Para entender el pensamiento de Emilia, solo tenemos más que ver sus actitudes como maestra en la casa St. Cyr para ver quiénes eran sus preferidos… “He notado que muy a menudo las niñas que son más problemáticas, son las que más quiero. Lo he experimentado yo misma muchas veces. Tenía una en la clase, no paraba ni un momento. Se divertía con todo, con todas las cosas que pueden disfrutar las niñas y luego molestaba haciendo ruido con sus pies y cosas similares. Quería a esta niña”.

Es una de las tradiciones fuertes de la Congregación. Hay que educar a las niñas en el amor a los más pobres, a los de cerca y a los de lejos. La solidaridad en nuestros ambientes cercanos y en el amor a las misiones.